Los aspectos más importantes:
-
Aprender con la naturaleza: El trabajo se adaptó al ritmo de la tierra, coordinando las agendas educativas con el momento exacto de la cosecha de aceitunas para lograr la mejor calidad.
-
Más que una práctica técnica: Se buscó que los estudiantes no solo aprendieran a fabricar un producto, sino que entendieran la importancia de conectarse con la sociedad y compartir sus conocimientos con la comunidad.
-
Intercambio de saberes: A través de talleres de análisis sensorial (catas), los sentidos fueron los protagonistas. Estudiantes secundarios y universitarios compartieron sus experiencias y recuerdos, valorando el alimento como un hecho social que une a las personas.
-
Protagonismo compartido: El proyecto culminó con una cata donde los propios estudiantes explicaron al público el proceso y las características del aceite que ellos mismos elaboraron con cuidado y respeto.
En conclusión, esta iniciativa demuestra que cuando la educación sale del aula y se vincula con los procesos productivos locales, se logra un aprendizaje más humano, integral y comprometido con la identidad de la región.